Sunday, October 18, 2015


Se acomodaba su huipil de premura
y a cada mañana le arrimaba un horario para
tomar el té, tomar baño, cortar lavanda,
llamar a los abuelos, velar duelos.
Iba capturando cada gota en su lente,
como quién va atrapando los vestigios
de eso que amó. 
Pero un día, volviose ese huipil pequeño
y quedaron en el tiempo;
La suavidad de la miel en el té,
el rocío de la lavanda, el calorcito del abuelo,
la brisa y el soplar del viento, la dulzura
de las zanahorias y el betabel
la tranquilidad evocada por el canto,
y suavidad en los pensamientos.

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