No te entibies, corazón
no te encuentres en el sendero de la mano suelta
que no se detiene a mirar a los ojos.
No te turbes, corazón
para que veas el cielo clarear y empardecer.
Suelta palabras como racimos que colorean
las casas.
Anhele tu vientre el calorcito de lo crecido,
de lo cristalino.
Para que cuando llegue la luna almendrada
tus manos levanten el vuelo de los pájaros.
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