‹ Colocó su taza de té en el centro de la mesa,
se dejó caer en una sillita de madera,
sacó una pluma de tinta china y un papel amate para
comenzar con la odisea de la oscuridad ›
Fue una luna nueva, el firmamento paría estrellas,
alumbraba el corazón las ilusiones marchitas.
Ardía una llama en el centro del universo, palpitaba, y todo era silencio.
Silencio tan absoluto, que el cuerpo dejaba de serlo,
Oscuridad tan profunda, que la separación no existía más,
había espacio, en el que cabía todo y nada.
emergió al unísono un canto ancestral, como si la tierra retumbara,
como si el cielo se viniera encima y a los lados,
cubriéndolo todo con un halo morado.
Fue ese, el abrazo de la oscuridad, que anida desde
tiempo inmemorial, en los corazones del mundo.